lunes, 8 de octubre de 2007

EL RUGBY, JUEGO DE TRIBU, ELÍTE Y RAÍCES

Este articulo que os pongo a continuacion esta sacado del Diario Vasco (Begoña del Teso) y esta muy bien, leerlo porque merece la pena.

"Camus jugaba al fútbol, cierto. Y declaró que todo lo que sabía de la vida lo había aprendido en el campo. Pero Ernesto Guevara, Ché, practicaba el rugby. De hecho, la policía peronista entró una tarde en la redacción de la revista Tackle, en Córdoba, y detuvo a los redactores, entre ellos El Comandante y Alberto Granado, a la sazón buen medio melée, acusándoles de propaganda comunista. En realidad, sólo imprimían un artículo sobre las diferencias de clases en el rugby argentino. En la patria de Evita y Maradona, el fútbol es el deporte del pueblo, los descamisados y los cartoneros. Y el rugby, introducido por los emigrantes británicos en el XIX, el juego de las clases superiores, de las clases de alta gama. Aunque deudor de las maneras del rugby inglés, el juego argentino tiene hoy grandes influencias del estilo francés y se enorgullece incluso de haber creado una nueva manera de empujar en la melée. La bajadita la llaman y consiste en realizarla con los pies invertidos. El rugby es mucho más que un juego de villanos jugado por caballeros en cuyo decálogo se insiste en respetar al adversario, al árbitro, las reglas del juego y el espíritu de equipo amén de saber que lo importante es el esfuerzo, la superación de uno mismo, del dolor, y de los elementos contrarios. Dice el decálogo, apócrifo o no, que un buen rugbyman aceptará la derrota y participará en ese mítico tercer tiempo donde todo es posible. Porque el rugby representa las mil caras de la humanidad. Cuentan que se extendió maravillosamente por el sudoeste francés sencillamente porque la Iglesia Católica se había inclinado en sus escuelas por el fútbol y el baloncesto. Mientras que el sur francés, el mundo lo sabe, lleva grabadas a fuego sus heréticas raíces cátaras. Por eso Aquitania toda se entregó en los brazos de ese juego rudo y vibrante traído a Burdeos, una vez más, por los ingleses. En Inglaterra, por cierto, el rugby hoy en día es considerado guardián de la tradición. Quizás por eso sus símbolos sean la cruz de San Jorge y la rosa de Lancaster. En Suráfrica, el equipo nacional, los Springbocks, representan la fuerza de choque de la cultura blanca, por mucho que la Copa del Mundo de 1995 le fuera entregada al capitán François Pienaar por el mismísimo Nelson Mandela. Con su juego basado en el compromiso y el desafío físico, el rugby sudafricano, influenciado al máximo por sus raíces afrikaaners, sólo cuenta con cinco negros entre sus 30 jugadores y, en el fondo de su alma late un racismo considerado ontológico por el historiador J.-Pierre Bodis.Muy al contrario, en Nueva Zelanda, misteriosa tierra de los legendarios All Blacks cuyo mito se fraguó en una impresionante gira por Gran Bretaña en 1905, el rugby es la única patria verdadera que les queda a los auténticos pobladores del lugar, los maoríes. Su danza, la apabullante haka, expresión pura de pasión, vigor e identidad de raza, no sólo aterroriza a sus rivales. Se dice que las madres británicas, blancas y protestantes, asustadas por la envergadura de los grandes guerrerros del rugby siempre han preferido que sus retoños jueguen al fútbol. De hecho, hay 200.000 licencias debalompié en Nueva Zelanda contra 140.000 de rugby. Lo que no impide que el mundo considere a esa selección el laboratorio creativo del deporte cuya Copa del Mundo comienza hoy.Si en Nueva Zelanda se juega para seguir existiendo como dice la revista Sport, Samoa ve en sus jugadores a verdaderos guerreros, entendiendo como tales a quienes defienden a muerte un código de honor. El rugby casa también regiamente con el alma del samurai japonés cuya pasión por este juego es tal que las finales universitarias son televisadas. Comienza la Copa. «Es la vida. Es la muerte. Un paso arriba. Otro paso arriba. Un paso más ¿El sol brilla!» (Letra de la 'haka')."